Mes: enero 2015

Los Niños Invisibles: La Extraña Conciencia de Pagán

Los Niños Invisibles: La Extraña Conciencia de Pagán

Querido Pagán:
A ti te ocurre algo.
Siempre estás gritando, golpeas las puertas cuando te marchas, aunque no pase nada.
No se te entiende cuando hablas.
Solo gritas lo que quieres sin pensar cómo lograrlo.
Tu mirada está perdida, miras más allá de la gente, como si te debieran algo.
Siempre estás tenso.
Te atascas en los ejemplos y no sacas nada de ellos.
Quieres enfadarte.
Rompes con todos los que te quieren. Vas dejando el camino lleno de cadáveres.
Bebes demasiado y sales del bar amenazando a la gente.
Siempre tienes prisa, quieres acabarlo todo rápido, tienes prisa para todo, para nada. Lo que quieres es irte a no hacer nada.
Y lo peor es que no te das cuenta.
Dentro de unos años,
en un cuarto oscuro de una ciudad desconocida
y sin que te des cuenta
descubrirás que estás solo,
que todos se cansaron de ti,
que no haces nada para disfrutar de tu vida.
Deberías ir al médico o algo así,
porque de lo contrario…
acabarás mal. (1)

La capacidad para darse cuenta de lo que ocurre es esencial para sostener la vida. Tiene relación con la competencia para atender y concentrarse. También con la experiencia de percibir lo que pasa dentro y fuera de nosotros. La destreza del darse cuenta puede entrenarse como cualquier otra capacidad humana. Sin embargo, no solo depende de la actitud y del ejercicio subjetivo, también tiene que ver con el modo en que el entorno la otorga al individuo. Estamos ante el viejo dilema: ¿la identidad se construye por el sujeto o es otorgada por el clan al que pertenecemos?

Nuestro diseño epigenético es tribal, respondemos a patrones de aprendizaje colectivos (2). En consecuencia, cuando no tenemos estabilidad emocional en nuestro entorno, la percepción se ve distorsionada. La información que falta en el texto está en el contexto. Y si la persona no siente la protección necesaria en su entorno, tendrá más dificultades para percibir cómo se encuentra. En ocasiones la persona percibe el exterior como una experiencia amenazante cuando no se siente suficientemente seguro para entregar la atención y el cuidado de esos peligros a los demás. Algo así como si no tuviera costumbre de que otros velen su sueño mientras duerme y tuviera que hacerlo él mismo.

A menudo el ensimismamiento permanente revela en realidad que el niño o niña siente un abandono que no le deja descansar, que no le permite abandonarse. La hora de irse a dormir es un momento de peligro desde esta perspectiva.  Hay personas que cuando se fatigan descansan y sin embargo, otras personas ante la misma fatiga entran en pánico, como si descansar en la selva, entendida como imagen inconsciente del mundo, fuera ponerse en riesgo y atraer al depredador, quizá de ahí venga la rabia de algunas personas cuando se fatigan.

La desconexión entre la atención hacia el exterior y la que se dirige al interior dificulta el proceso de sincronía (3), entorpece el contraste y la conciliación armónica entre la visión del mí mismo junto a la visión que tiene el otro de mí. Esta falta de integración conlleva una dificultad en la experiencia del darse cuenta de la realidad. Más que no saber algo, el problema de muchas personas es que no saben saberlo, y esto puede deberse a la atención que la persona recibe en su infancia.

En ocasiones, el niño no es suficientemente atendido por sus progenitores. No recibe de modo suficiente la mirada que necesita para sentir que tiene un lugar en el sistema. Podríamos decir que sus adultos de referencia no están disponibles. En consecuencia, se encuentra bajo el hechizo de el «síndrome de la madre muerta» (4) . Suele deberse a que un dolor se ha introducido en la vida de la madre o el padre y les dificulta la atención al niño. Podemos pensar por ejemplo en una situación en la que en los primeros tiempos de la vida de un niño, muere el padre de la madre. Esta experiencia atrae toda la atención de la madre privando al niño de su atención. De este modo, deja de estar disponible, afectando al vínculo entre madre e hijo.

Cuando la generación anterior queda embargada por un dolor o por una experiencia de fuerte estrés que compromete su sobrevivencia es muy probable que interrumpa su propio proceso vital. Incluso pueden llegar a encargar inconscientemente este proceso interrumpido a la siguiente generación, como si fuera una misión. Es como si el padre dijera al hijo: lleva adelante esta empresa familiar o realiza esta carrera universitaria porque a mí no me dio tiempo o no tuve la oportunidad de realizar este deseo.

Hay males que duran cien años y psiques que lo reeditan.
(Catalina Harrsch)

La dificultad para darse cuenta de lo que ocurre, impide a la persona vivir plenamente todos aquellos fenómenos que tienen relación con la satisfacción, el desplazamiento del deseo o la capacidad para calibrar las consecuencias de los propios actos. Todo ello aumenta la tensión interna y favorece que se vierta en los síntomas que son calibrados como anomalías de la atención. Lo cierto es que para cualquier individuo es esencial acceder a un lugar dentro de su sistema familiar y esto se suele hacer mediante el desempeño de comportamientos constructivos. Pero si no logra culminar un proceso de identificación positiva porque el contexto no le deja, tenderá a desarrollar comportamientos inadaptados que atraigan la atención sobre él. Todo antes que el exilio. No siempre es así, no se puede generalizar pero el caso de Pagán describe un proceso de identificación negativa.

Ellos me hablan
pero hace frío
en mi espalda.

Un laberinto
repleto de voces
martillean mi mente.

Silencio y ruido…
paciencia y amenazas…
(Trinidad Ballester)

Notas:
1. Versión inspirada en el «Bolero para Jaime Gil de Biedma», de José Agustín Goytisolo.
2. Concepto de Conciencia Ecológica en Gregory Bateson. Ver Pasos hacia una ecología de la mente. Publicado en B. Aires. Lolhé Lumen. 1998.
3. Concepto clave en la obra de Carl Jung. Ver El hombre y sus símbolos. Paidós, 1995.
4. André Green. Narcisismo de vida, Narcisismo de muerte. Amorrortu Editores. B. Aires, 1990.

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