Los Niños Invisibles: La Vida de Dolores

Ilustración: Trinidad Ballester.

Dolores tiene una idea nítida acerca de cómo debe ser su familia, su relación de pareja y la forma sincera de hablarse entre padres e hijos. Se ensimisma con este monólogo interno y lo piensa y repiensa continuamente. Ni siquiera le hace falta que ocurra lo que sueña, parece que tiene bastante solo con pensar en todo esto.

Escucha en su interior las voces armoniosas de su familia reunida. Es como una sinfonía que la llena de paz. Le abre paso a una serenidad en la que suspende momentáneamente la respiración, lo que no experimenta con ninguna otra cosa que le suceda.

Cuando piensa en esta vida que anhela, tiene una sensación en la boca del estómago que se expande a oleadas, mientras piensa en lo que cada uno debe hacer, decir y cómo deben comportarse.

En realidad no hace nada por construir esta vida ideal. Suele ser reservada y contenida. No actúa porque le da miedo estropear su sueño. Aspira a ese momento ideal en el que todo esté bajo su control o que por lo menos tenga la máxima seguridad sobre ello.

Y el caso es que a veces tiene experiencias muy similares a lo que desea. Son ocasiones en las que su familia se reúne en un ambiente sincero y desenfadado. Momentos en los que las voces se entremezclan melodiosamente. Reuniones en las que todos se comportan de un modo agradable.

Entonces, en lugar de alegrarse le inunda la nostalgia, echa de menos su propia idea y en medio de la reunión dice que le gustaría que todos estuvieran más unidos y crearan un clima de confianza y amor, tal y como ocurre en su pensamiento. En esos momentos aprieta los puños de rabia, se echa a llorar y pide a toda la familia que la deje sola y en paz. Y así suele dar por finalizadas las reuniones familiares.

Ella dice que es perfeccionista, pero en realidad lo que le ocurre es que no puede actuar hasta no estar completamente segura de lo que va a hacer.

El aprendizaje se produce con el contraste entre las evidencias que recibimos del exterior y las referencias internas que tenemos acerca de las cosas. Nuestra atención viaja continuamente hacia afuera y hacia dentro para contrastar ambos campos. Podríamos decir que, en realidad, no conocemos la realidad sino que la reconocemos cuando lo que percibimos se parece a nuestras imágenes previas y preconceptos del mundo.

El hombre es tan perfectible y corruptible que puede volverse loco mediante su razón.

(Georges Lichtenberg).

El predominio de la atención al exterior pretende objetividad. Sin embargo, su abuso genera dificultad en la producción de sentido, por fallo o carencia de la propia versión de la realidad.

Por el contrario, la prevalencia de la atención al interior o percepción subjetiva, impone el propio pensamiento a lo que está ocurriendo en el exterior. Y es que, como dijo Aristóteles, la costumbre de creer impide a las personas observar lo que ocurre.

En ocasiones, el razonamiento permanente y circular, así como la puesta en duda de todas las hipótesis nos lleva a una racionalización extrema de lo que debería ser resuelto por las sensaciones o las acciones. Tal es el caso de quien duda sobre su orientación sexual y pretende resolverlo mediante su raciocinio, antes de iniciar cualquier experiencia en este sentido.

Recuerdo alguna ocasión en la que estaba de visita en casa de mi abuela, entonces llamaron a la puerta y ella me dijo:

—¿Quién será a estas horas? Yo no espero a nadie.

Solo la experiencia puede resolver estas dudas. Experimentar la sexualidad y abrir la puerta para ver quién llama.

Este cogitocentrismo (1) que constituye la prevalencia de la inteligencia racional tiende a congelar el ámbito emocional y a aplazar la experiencia.

Después de la muerte (corto diálogo de origen zen):

—Maestro, ¿Qué le llega al hombre inteligente tras la muerte?
—No lo sé.
—¿No sois un hombre inteligente?
—Sí, pero no estoy muerto.

Carrière, J.C. 2000: 152 (2).

El pensamiento rico en alternativas no es un problema, al contrario, sitúa los límites de lo que podemos hacer y nos aporta ideas para solucionar las cosas que nos preocupan.

El sufrimiento sobreviene cuando pretendemos controlar toda nuestra vida mediante la reflexión y el análisis. Contener el mundo con el pensamiento (3). Es posible que este sea uno de los peores desórdenes de la civilización.

Lo que enfocamos momentáneamente con la conciencia es solo un punto en el mapa y pensar que podemos abarcar la realidad enfocando un elemento es una falsa  ilusión.

Es interesante analizar qué tipo de fuerza puede enfrentarse a la acción tan eficientemente como para inhibirla. Teniendo en cuenta que la acción es un mandato biológico incesante y que los bebés lo tienen como algo imperativo. Entonces, la pregunta es: ¿qué puede ser tan potente como para impedir la acción?

Podemos buscar explicaciones y reflexionar a qué se debe este fenómeno. ¿Quizá a cierta exigencia genealógica de satisfacer a los ancestros? O bien ¿miedo a estropear algo por una acción alocada?

En cualquier caso, el síntoma tiene que ver con esto: con una inhibición de la acción. La psicoterapia breve y estratégica aboga por la necesidad de volver a la acción, de retomar el contacto con el exterior, de comprobar las hipótesis mediante su experimentación en lugar de su reflexión.

También tiene relación con el mito de la pureza, con lo inmaculado del pensamiento, antes de ser maleado con la acción. Con que la realidad no salpique el mundo de las ideas. Una versión deficiente del platonismo que defiende que la realidad más fiable solo está en el interior del sujeto.

Ya pasa el momento
ya se van los días
de la oportunidad
renovada al renacer
inefable de la muerte

Ya se cierran las puertas
poros húmedos
que quiso abrir la esperanza
Como se desgaja una grieta
como un pozo horizontal
al que asoman las horas taladas
como un viento fuerte
que ha soplado
esta vez en frío.

Ya se cierran los días
de la oportunidad.

(Trinidad Ballester).

Notas:

(1) «Cogito ergo sum» («pienso, luego existo»), principio filosófico de Descartes.

(2) En Cuentos que curan (2005) Bernardo Ortín. Ed. Oceano-Ambar. Barcelona. Pág. 84.

(3) La ilusión de controlar todo lo que ocurre en el mundo con el pensamiento. Primer hechizo descrito en el mismo libro. Pág. 81.

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