Los niños invisibles: La intuición de Eulalia

Ilustración: Vera Ortín

 

SUEÑO

Hoy he soñado con un torrente de colores, tamaños, formas, brillos y sombras.

He soñado con un océano de sonidos como voces sin palabras, con sensaciones, temperaturas...

He sentido un pensamiento trabajoso y pesado que rondaba mi cuerpo como un viento circular de ideas repetidas.

Sé que he soñado con los primeros momentos de la creación, con las cosas que había al principio, antes de que fueran nombradas. Y lo sé, como se saben las cosas en los sueños.

He sido consciente del momento en el que mi imaginación comenzaba a destilar palabras, cuando los colores, los sonidos y todas las cosas comenzaban a nombrarse.

Retengo el escenario de un gran reloj de arena desde cuya parte superior caen las figuras, los colores, las voces, las sensaciones y emociones... Todo lo que había antes del lenguaje.

En mi sueño las cosas iban cayendo a la parte de abajo del reloj de arena y se iban transformando en las palabras que las nombran, de algún modo pasaban de estar a existir.

He asistido a ese momento de transición y he comprendido cómo las cosas adquieren su nombre y lo sé porque lo he visto, lo he oído pasar por la breve cintura de cristal del reloj de arena.

Y en ese momento vívido de mi conciencia, en el que me hallaba más lúcida que nunca...

Me he despertado.

(Bernardo Ortín[i])

Los cuentos son el recurso educativo más antiguo de la humanidad pero, ¿cuándo aparecen los primeros relatos y de dónde vienen? Existen varias hipótesis acerca de su origen y a qué interés humano obedecen[1].
 

Dios hizo al hombre porque le gustaba escuchar historias.

(Keen, S. 1973)

 

En primer lugar, se puede afirmar que los cuentos son expresión de procesos psíquicos profundos, no fácilmente comunicables con el lenguaje lógico y descriptivo. Desde esta perspectiva podemos decir que el inconsciente está en la misma situación del que, habiendo vivido una visión o una experiencia original, desea comunicarla lo mejor que puede. Tratará, de modos diversos, de hacer comprender su experiencia. Intentará provocar, por intuición y por analogía un eco en sus oyentes, por tratarse de un acontecimiento que todavía no ha sido nunca formulado, necesitará nuevos medios de expresión, sin cansarse de exponerles su visión, hasta que sienta que le han comprendido.

Jung decía que la alquimia es secreta, en principio, por el afán de protegerla. Pero ese secreto se debe también a que se desconocía en realidad a dónde conducía, ya que sólo podían intuirla.

En segundo lugar, se hipotetiza con que los cuentos son expresión de verdades filosóficas esenciales. Según esto, los Mitos expresan simbólicamente realidades filosóficas y pensamientos metafísicos que contienen una enseñanza de profundas verdades sobre la realidad y que la mera existencia desgasta. Desde esta perspectiva platónica, los Mitoi, que es como se llama a las antiguas historias que explican el origen de las cosas, se encuadran en esta hipótesis y lo que suelen narrar es la primera vez que ocurrió algo.
 

El origen de la muerte

Dios dio a elegir a los humanos si preferían vivir toda la vida sin descendencia como la luna, o morir dejando vástagos como las plataneras, el hombre eligió lo segundo. Desde entonces los seres humanos se reproducen y mueren.

(Mito africano)

 
La siguiente hipótesis defiende que los cuentos son explicaciones del funcionamiento de la Naturaleza. En consecuencia, los relatos son un modo de explicar  fenómenos naturales como la vida vegetal o los ciclos del sol y la luna.
En cuarto lugar, podríamos pensar que los cuentos son la expresión de Arquetipos o pensamientos elementales de la humanidad. Desde este punto de vista puede decirse que el hombre dispone de una reserva de pensamientos que no emigran, sino que son innatos en cada individuo. Estos pensamientos aparecen bajo diferentes variantes tanto en la India y en Babilonia como, por ejemplo, en los cuentos de los mares del Sur. Estos cuentos vendrían a ser pensamientos de los pueblos.
El arquetipo no se puede atrapar con el pensamiento, sólo se puede intuir mediante la expresión de símbolos. Existe un conjunto de figuras simbólicas que suelen repetirse en los cuentos de hadas y que ofrecen un camino de redención al ser humano.

Imágenes que curan y que conectan a la persona con algo que se asemeja a la expresión de su deseo y que los relatos desean explicitar.

Por último, se plantea que los temas fundamentales de los cuentos derivan de los sueños[2]. Marie Louis von Franz[3] afirma que la mayoría de los cuentos de hadas y cuentos folklóricos derivan de los sueños. Karl von del Steinen trató de probar en la misma época que la mayor parte de las creencias mágicas y sobrenaturales primitivas que él había estudiado derivaban de experiencias oníricas.

 

Las almas

no tienen

otro propósito

que existir

 

para gozar

de sí mismas

del mundo

de las demás

 

para esperar

en la madrugada

al acecho de la noche

y soñar lo que no sea posible vivir

(Poema: Trinidad Ballester)

 

En las sociedades arcaicas, es un rasgo típico de comportamiento que una experiencia onírica sea considerada como actual y real. Así, si alguien ha soñado que estaba en el cielo y que conversaba con un águila, se sentirá autorizado a contarlo a la mañana siguiente como un hecho concreto, sin añadir que aquello ha sucedido durante un sueño, es así como nacen los relatos.

 

Lo maté en sueños y luego no pude hacer nada hasta que lo despaché de verdad. Sin remedio.

(Max Aub. Crímenes ejemplares[4])

 

Freud pensaba que los sueños son un mensaje del pasado para ser interpretado. Jung defendía que son portadores de un mensaje para ser vivido en el futuro. De cualquier modo, Eulalia, la protagonista de nuestro relato, puede afirmar que realmente asistió al nacimiento del lenguaje aunque fuera en sueños.

 

NOTAS

 

[1] Ver el capítulo 2 del libro Cuentos que curan. (Op. Cit.)
[2] En el siglo XIX, Ludwig Laistner. En el libro: Símbolos de redención en los cuentos de hadas, de Marie Louise von Franz: (1990). Barcelona: Luciérnaga.
[3] Símbolos de redención en los cuentos de hadas (Op. Cit.)
[4] En Fernández, A. (1990). La mano de la hormiga. Madrid: Fugaz.

 

 

[i] En Cuentos que curan. De Bernardo Ortín y Trinidad Ballester. (2005). Barcelona: Océano-Ámbar. Pág. 45. Y en La vida es imaginada. Bernardo Ortín. (2013). Sevilla: Edit. Jot Down. Pág. 16.

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